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Monthly Archives: July 2017

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Al desarrollarse la tercera semana  de la protesta campesina en Asunción Ester Leiva dirigente de la Central de Trabajadores Campesinos y Urbanos CTCU e integrante de la Coordinadora Nacional Intersectorial manifiesta que por falta de voluntad política de los gobernantes no se responde satisfactoriamente a los reclamos del sector. La resistencia campesina continúa, dijo

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Para este jueves 27 de julio se prevé que el Senado estudie el proyecto de ley referente al subsidio de las cuentas campesinas en Bancos y Financieras al igual que la ley de emergencia agrícola.

Marciano Jara, dirigente campesino de Concepción, integrante de la Conducción de la Coordinadora Nacional Intersectorial, dice que están expectantes en que el Senado de media sanción a sus pedidos.

Los campesinos ya llevan tres semanas consecutivas de movilizaciones en Asunción.

En el marco de la lucha falleció Ángel Cardozo. Un campesino del distrito de General Resquín, departamento de San Pedro. De la plaza fue llevado a un Hospital y allí murió. Contaba con apenas 39 años de edad y vivía en la comunidad de Kira’y de Resquín. Padre de dos hijos. Le tomó pulmonía en la carpa de la resistencia.

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Aida Martínez, de 52 años integrante de la Asociación Campesina e Indígena del Guaira con asiento en Colonia Independencia de dicho departamento, dice que reivindican la agricultura familiar campesina para el mejoramiento de la calidad de vida en el campo.

Ya llevan 18 días de movilización en Asunción. Ante la acuciante realidad por la que atraviesan no hay otro método más que la manifestación para hacer escuchar sus reclamos.

Somos productoras y pedimos la condonación de nuestras deudas, dice la mujer puntualizando que el pequeño agricultor su producto no tiene precio en el mercado y su cosecha fue afectada por la sequía como también por las heladas.

La educación ni la salud no son gratuitas entonces como campesinas únicamente debemos salir a reclamar nuestros derechos, cuenta. En la chacra trabajan en familia y también integran un comité de agricultores integrado por unas 150 familias.

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Zoraida Bernal y Alcidia Ruiz, son campesinas que viven en el distrito de San Patricio (Misiones) Vinieron a la plaza para acompañar la lucha campesina. “Nos sacrificamos, dejamos nuestras familias y venimos a protestar porque nuestra situación es sumamente difícil”, dice Zoraida quien es la encargada de la cocina en la precaria carpa instalada en la plaza en el marco de la marcha campesina en Asunción.

En tanto Alcidia, de 30 años con dos hijos y que no tiene tierra propia, dice que trabaja con su papá en la chacra. Yo labro la tierra, me encargo de los animales, hago todas las tareas, dice esperando que sus reclamos sean atendidos y escuchados por las autoridades.

(Por Julio César Benegas Vidallet) Solo el 6 por ciento de las tierras cultivables pertenece a las familias campesinas. El resto está usurpado por la ganadería intensiva extensiva, las semillas trasgénicas, noreste, y ahora el arroz mecanizado avanza, en el Sur, contaminando arroyos, manantiales con sus fumigaciones y desechos que envían a los ríos y cauces naturales.

En ese 6 por ciento se produce el 60 por ciento de lo que comemos: maíz, poroto, hotalizas, mandiocas, poroto manteca. Hoy, la mayoría de la gente en el campo le debe a financieras privadas que han visto en sus tierras una garantía para especular con ellas, venderlas a sojeros y arroeceros, principalmente. Más del 30 por ciento de nuestra población vive en el campo y solo el 2 por ciento de la población del país es propietario del 90 por ciento. El mundo campesino, con sus pequeños bosques, sus arroyos, sus humedales, sus azadas y sus bueyes, está en extinción.

Asistimos a la última etapa de destierro masivo para que esa otra forma de organización del capital, altamente mecanizado, que utiliza poquísima mano de obra y que procesa nada la materia prima, avance por los últimos rincones donde viven comunidades indígenas y campesinas. Ese mundo, tal cual, no pasa ni podrá pasar de las herramientas feudales como la azada y el machete, al manejo de la tecnología.

Esta se ha concentrado en las grandes empresas de silos y tractores, y llanos inmensos de pasturas, lejos del antiguo mundo rural. En ese mundo las rutas se hacen pensando en el transporte de sojas y ganados, la seguridad se organiza para defender a los colonos brasileros que actúan de infantería de grandes grupos de capitales como los Favero, los Zucolillo, los Cartes, en línea de acumulación que tiene a Montsanto, Cargill, Bunge, Sigenta a la cabeza.

A este modelo el gobierno, las corporaciones y sus grandes medios llama progreso. Lo que es destierro, desahucio es progreso, es desarrollo, es nambre. Sus perifoneros se ponderan foros el crecimiento económico en el país, sus voceros hablan de la buena salud de las finanzas, de lo bueno que es endeudarse con la banca de Nueva York, alquilar por migajas el predio de Radio Nacional o el Puerto de Villeta.

Como se trata de una avanzada territorial, es decir, el territorio que queda es el que ocupan los campesinos, éstos aparecen como los malos de la película, los haraganes, los retrasados, los que no saben luego cómo manejar su dinero y su producción. Entonces, se les enseña educación financiera en módulos que favorecen la posibilidad de convertir en activo financiero sus tierras, como cualquier otro activo, como un auto o una moto.

El actual gobierno lleva adelante un programa que se denomina sembrando oportunidades, negando hablar con las asociaciones, con los comités de productores y con las organizaciones de base. Cada cual debe vérselas solo,sólo con el Estado,con las financieras,con el mundo. Así ya han logrado que la mayoría de los créditos ya sea con financieras privadas que saben que ellos no tienen capacidad de devolver la plata. Saben y por eso le dan. Lo que quieren es justamente eso, que no puedan pagar para quedarse con sus tierras y venderlas a los sojeros, a los narcoganaderos. Por ahí va la cosa. “No sé si me entendés”, he’i Ulises Silva M.

 

www.facebook.com/juliocesar.benegasvidallet

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Antonia Martínez tiene 61 años. Es de Choré, departamento de San Pedro. “Tengo muchas gallinas y de eso comemos ahora”, dice. “Mi marido plantó como 6 hectáreas de sésamo y no sirvió de nada. De una hectárea de sésamo salen 200 kilos”. Antonia recuerda que ya pedían crédito desde los años 80, pero nunca habían llegado a esta situación de no poder afrontar los compromisos. Ella es una de las mujeres manifestantes en Asunción que hoy miércoles 26 de julio llevan 17 días consecutivos de intensa protesta.

“Estamos aquí porque ya no podemos. No hay gente que diga “yo no debo”. Mis vecinos no vinieron ni la mitad, pero toda nuestra comunidad está en la misma situación”, dice Antonia. “Añembyasy”, “che pochy che menandi”, “cheagarrá depresión”. “Me siento apenada, enojada con mi marido y deprimida por haber llegado hasta esta situación de salir a pedir algo. Guerreamos. Yo en la casa y mi marido en la chacra. Nosotros nunca llegamos a esta situación”, cuenta.

“Tenemos diez hectácteras. Tenemos dos hijos. Queríamos que nuestros hijos estudien, pero tengo a mi hija que estudió cinco años ingeniería comercial, y se quedó sin poder hacer la tesis. Trabaja en una casa comercial y su salario es poquísimo”, dice. “Si nos condonan la deuda, nunca más hemos de tomar un crédito y si tengo que salir, pondré mis huevos en la canasta y saldré a vender como siempre y viviremos con eso”, dice