Inicio Archivos 2017 August 8

Daily Archives: Aug 8, 2017

Estos días en las redes sociales calificaban de violentos a los manifestantes campesinos por algunos episodios aislados que se dieron en casi un mes de movilizaciones en la capital del país. Poco se habló de que la violencia empezó cuando el gobierno les propuso dejar sus cultivos de renta tradicionales para que se dedicaran a plantar rubros de exportación que finalmente fueron un fracaso por la falta de acompañamiento institucional. Poco se habló de la violencia que significa vivir con lo justo el día a día, sin salario mensual, sin seguro médico, sin oportunidad de ingresar a la universidad para profesionalizarse y buscar mejores horizontes económicos.

Las comunidades campesinas, abandonadas históricamente a su suerte, se movilizan por subsidio porque ya lo han perdido todo: vendieron su carreta, sus bueyes, la vaca que proveía de leche a sus hijos. Igual todo ese sacrificio no alcanza para pagar a sus acreedores. Miles de familias están en riesgo de perder el último recurso que les queda: su pedacito de tierra y, por lo tanto, la conclusión es que la promesa de precio y mercado para rubros de renta exóticos como el sésamo, la chía, etc., se ideó para desalojarlas de sus territorios. El capital financiero arrasa así el campo con voracidad, ansioso de arrebatar tierras, semillas y agua.

“El campo ya no aguanta”, dice Alicia Amarilla, de Caaguazú, al ser consultada. “El sector más abandonado y empobrecido por el modelo de producción vigente es el campesinado. El extractivismo y el acaparamiento expulsan de los territorios a campesinos e indígenas por igual con ayuda del aparato represivo del Estado. Si no resultan estos métodos, se fumiga sobre las cabezas con agrotóxicos para hacerles correr. La consigna entonces es mudarse o morir.”

“Porque nos negamos a desaparecer, la agricultura campesina sigue en resistencia”, mencionó Alicia, para quien el gobierno es el responsable de esta crisis, ante la falta de políticas públicas encaminadas hacia la Reforma Agraria. Se prioriza el modelo del agronegocio por encima de la producción campesina y esta convivencia es imposible por los monstruosos efectos de los agrotóxicos y los monocultivos.

No sorprendió el veto del presidente Horacio Cartes al proyecto de ley de condonación de las deudas que miles de familias campesinas contrajeron por confiar en las falsas expectativas del Estado paraguayo. Uno, porque decir que sí e inmediatamente que no es una constante en la conducta política del mandatario (recuérdese la enmienda y la reelección); dos, porque nadie desconoce para quiénes gobierna Cartes, y sus patrones –los gremios del agronegocio– dispararon con pronunciamientos y acapararon espacios privados en los medios impresos para advertir lo perjudicial que resultaría para el país una posible asunción de las deudas campesinas por parte del Estado.

El rechazo al proyecto de ley del subsidio tiene que ver con el avance del proyecto neoliberal. La prensa azuza el aparato de odio ideológico, la Iglesia guarda silencio y los viejos conocidos de la política criolla miden la temperatura para decidir si se colocan a favor o en contra, según convenga en su norte proselitista. Por más que ciertos comunicadores de medios corporativos con intereses en juego se empeñen en instalar medias verdades como que la agricultura campesina es una actividad de riesgo, lo cierto es que este asunto trasciende el ámbito de la economía: lo que aquí se visualiza tiene un trasfondo ideológico y de lucha de clases.

La compañera Hilda Santacruz, de Alto Paraná, nos contaba días pasados: “El poroto prende en seis meses y se vende a 3 mil Gs. el kilo en el mercado de Ciudad del Este. Para comprar 1 kilo de carne tenés que vender más de 6 kilos de poroto porque la carne te cuesta 20 mil Gs. el kilo”. Ella también dijo otra gran verdad: “Cuando el campesino se organiza para defender sus derechos, se le criminaliza, cae preso por movilizarse, se le persigue. Sin embargo a los grandes productores ‘a la hora’ se les da lo que piden”.

En la “campaña” la mujer se levanta antes que el sol. Cuando este toma altura, ella ya ordeñó la vaca, fue a recoger agua, juntó leña para preparar el fuego con el que calentar el mate, el desayuno y el avío que llevará su compañero a la chacra, que por lo regular queda muy lejos del rancho. Después va a ver por sus hijos en edad escolar, dar de comer a los animales y centrarse en otras tareas domésticas. Al mediodía, cuando el agricultor retorna, la comida ya está lista y puede descansar unos minutos antes de volver a sus plantaciones. La mujer y sus hijos seguramente le acompañarán a la siesta, para ayudar en la carpida o en cualquier faena que el proceso de producción requiera. “No hay descanso, no hay recreación para la familia campesina. No hay ingresos fijos, se vive del autoconsumo, de vender queso, carne de gallina, de chancho; se cura con pohã ñana porque no hay sistema de salud cerca”, se lamenta Hilda.

Mientras tanto, el campesinado sigue aguantando. Su oxígeno es la resistencia y su convicción de que la clase oprimida solo tiene un único camino, que es conquistar los derechos ante la negativa del Estado. La helada de julio pudo matar las últimas esperanzas al destruir la producción para el siguiente ciclo, pero la helada que más duele es la de la población que la califica de estorbo o de haraganes. La indiferencia del Estado ante el clamor de los excluidos es una violencia que cala hondo en su rutina, en sus mesas y en el futuro de sus hijos.

 

Fuente: https://www.conamuri.org.py/la-violencia-invisibilizada/

Escuche audio:En las marchas campesinas es habitual ver a los manifestantes portar un palo. Tomas Ruiz, dirigente campesino de Concepción dijo que representa un símbolo de la lucha y resistencia, además de brindar seguridad a los campesinos.

No es que seamos locos ni mucho menos generamos violencias. No venimos por una cuestión de aventura, venimos a la plaza por nuestras necesidades. Tenemos el mismo derecho que los ricos, nuestros hijos tienen derecho a la educación de acceder a la universidad. Defendemos nuestros derechos, el palo es un símbolo de lucha y una herramienta de trabajo. El agricultor genera alimentos sanos y saludables.

Escuche audio:Así manifiesta Esther Leiva, de la conducción de la Coordinadora Nacional Intersectorial tras una asamblea popular realizada en la noche del lunes 07 de agosto en el marco de la marcha campesina en Asunción.

A un mes de las movilizaciones aguardan que el Congreso Nacional rechace el veto del presidente Horacio Cartes referente al subsidio de las deudas de los pequeños agricultores

Escuche audio:
En Itapúa hacia la localidad de Carlos Antonio López y sus alrededores los pequeños agricultores perdieron 250 mil kilos de pomelos consecuencias de las intensas lluvias registradas en este año. En la finca se pudrieron y eso representa como cien millones de guaraníes de pérdidas para productores, dice el señor Virginio Benítez, dirigente del Movimiento Agrario Popular

Escuche audio:El diputado José “Pakova” Ledesma, integrante de la bancada liberal, estando en la plaza señala que a nivel de bancadas están trabajando para rechazar el veto del ejecutivo al tema del subsidio. En la Cámara Baja se precisan 41 votos de los presentes.

Hay un mínima esperanza solamente que los medios de prensa muy ligado al gobierno de Cartes tergiversan la información y difunden muchas mentiras, dijo.

El gobierno nacional no tiene voluntad política hacia el sector campesino. El Ministerio de Agricultura en lo que resta del año carece de planes para los pequeños agricultores, reparte algunos pollitos, instala invernaderos con tinte partidarios, generan todo un negociado.

El objetivo real del gobierno es hacer desaparecer la agricultura familiar campesina, tener una “patria sojera”. Afirma que en la localidad de Guayaiby, el Banco Nacional de Fomento remató y vendió tierras de campesinos que no pudieron pagar sus cuentas.

Escuche audio:

Rufina Galeano Leiva, 53 años sin tierra en el distrito de San Juan de Nepomuceno del departamento de Caazapa comenta que se encuentra en la plaza porque no puede acceder a la tierra. Necesitamos para trabajar en la chacra, esa es nuestra realidad, dijo.

Cuenta que desde hace 10 años están luchando por la tenencia de la tierra en el asentamiento “Santa Librada”, distrito de San Juan Nepomuceno del departamento de Caazapá donde viven más de 70 familias.

La señora Rufina tiene 12 hijos de los cuales la mayoría tuvieron que emigrar porque no acceden a un pedazo de tierra. Fueron a otros lugares, algunos al exterior, buscando oportunidades, dijo.