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Luego de conocerse la decisión en el Senado en no tratar el veto presidencial a la ley del subsidio referente a la deuda de los pequeños agricultores la señora Agripina Sanabria Toledo que vive en el distrito de Blas Garay del departamento Caaguazú expresó que continuaran luchando.

Seguimos en la lucha, venimos a protestar en Asunción consecuencia de la mala producción agrícola afectada por fenómenos climáticos, hecho que imposibilitó pagar nuestras deudas y no es como dice el Presidente de la República que somos haraganes, la resistencia en la plaza, bajo carpa nos fortalece, no estamos entregados y no nos vencerán, dice con convicción la mujer.

En tanto Francisca Aquino, también del departamento de Caaguazú reafirma que como mujer campesina no están entregadas ni mucho menos van desanimadas de regreso a sus respectivas casas.

Estamos contentas porque logramos que la agricultura familiar campesina sea declarada en emergencia, si Dios permite nos volveremos a encontrar a finales del mes de setiembre, puntualizó.

Después de 36 días de resistencia los pequeños agricultores movilizados y que integran la Coordinadora Nacional Intersectorial CNI abandonaron las plazas ubicadas frente al Congreso Nacional en la tarde de este jueves 17 de agosto.  Los labriegos consideran un logro la aprobación de la Declaración de Emergencia en la Agricultura Familiar y esperan que el Ejecutivo los convoque para su planificación. Según afirman hacia finales del mes de septiembre volverían a movilizarse.

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Así dice Camila Montesinos Urbina (Chilena), experta y estudiosa sobre la soberanía alimentaria en declaraciones a DEMOINFO Paraguay quien se encuentra en el país participando de un encuentro internacional con la CLOC Vía Campesina

La importancia radica en que la soberanía alimentaria es la única forma de garantizar que todos los pueblos del mundo van a tener alimentación de calidad y en suficiente cantidad.

Una alimentación disfrutable, la alimentación no es solamente comer además hay que disfrutarla, dice recalcando que la soberanía alimentaria es un principio de organización social que garantiza el alimento a todo el mundo.

No hay país en el mundo que pueda decir que es soberano en alimentación, quizás el que más se acerca a esta práctica es Cuba. Pero si hay experiencias desde las comunidades, desde las bases que intentan hacia la soberanía en su alimentación.

Montesino comenta que en base a estudios realizados por mucho tiempo sobre la agricultura es que en todo el mundo, bajo todas las condiciones de agricultura, sea de tipo industrial, tradicional, etc. en todo tipo de agricultura, la propiedad pequeña, ha sido y sigue siendo más productiva que la gran propiedad cuando se piensa en la producción por hectárea

Como ejemplo puso el caso de Europa donde los pequeños agricultores en promedio son en un 10 y 30 % más productivo por hectáreas que la agricultura a gran escala. Si se toman los rendimientos por hectáreas y por superficies son más productivos. En Centro América igualmente hay estudios que demuestran que la producción se podría triplicar en caso que toda la tierra cultivable esté en manos del campesino. Esa misma realidad se da en Brasil. Cuenta que en los rubros no solamente hortalizas, papas, maíz sino también en carne, huevos, cerdos, los campesinos son mucho más productivos que los sojeros.

El problema de la mejora en la condición de vida del campesino no es a causa de producción o productividad sino que el agricultor accede a muy poca extensión de tierra. Hay empresas forestales que tienen bajo su poder más de un millón de hectáreas de tierras. Una sola empresa tiene más tierras que todos los campesinos juntos, indicó la mujer.

El empresario puede producir 10 dólares por hectáreas y puede ganar cien millones de dólares por año y no necesita ser productivo en tanto el campesino que produce más pero no tiene tierras suficientes, ni siquiera le alcanza los precios ni encuentra mercados. El intermediario generalmente se beneficie de su trabajo. Si se asegura un mercado al campesino, con una buena producción de comida él estaría viviendo dignamente.

Para promover adecuadamente la soberanía alimentaria se necesita de una reforma agraria integral desconcentrar la tenencia de la tierra. América Latina es el caso más negativo en cuanto a la redistribución de la tierra. Con apoyo técnico, organización política, facilitando mercados el campesino tendría una mejor vida.

La traba está en la las grandes corporaciones, de los grande capitales donde se han dado cuenta que la alimentación es el gran negocio, donde por ejemplo se duplica a la ganancia del petróleo. La comida es un negocio que se puede evitar, la alimentación es un gran negocio apoderado por las transnacionales, afirma Camila

Parte de la homilía de Mons. Edmundo Valenzuela, ayer martes 15 de agosto durante la misa central realizada por la Fiesta de la Virgen de Nuestra Señora de la Asunción.

“No tenemos en mente la difícil situación de vida de este 30% de la población paraguaya que es campesina. ¿Por qué a ellos no se les puede ayudar en su emergencia? ¿no se ha ayudado en otras emergencias a los transportistas, a los cañicultores, a los de la producción sojera? No parece justo retacearles su necesidad vital, aunque sabemos que pueden existir varios argumentos muy válidos, pero siempre hay caminos de solución adecuadas para sus vidas y sus familias. La sociedad no puede perder a los campesinos, son parte esencial de su historia y su cultura”.

Hace falta por el contrario mayor atención a ellos, a sus familias, a su organización, a su educación agraria, a su vida solidaria y cooperativa, al engranaje de su producción y comercialización de la producción agraria. Los obispos acabamos de pedir la respuesta a la actual emergencia de la agricultura familiar, pero también la respuesta estructural de fondo propiciada por los programas y planes de las futuras autoridades nacionales.

A los campesinos los debemos ver como hermanos, ellos como nosotros buscan una vida más digna para sus familias y sus comunidades, por eso hoy particularmente rezamos por ellos y les decimos que los queremos, que son hermanos nuestros.

Otro tema semejante a este es el tema de la defensa del seguro social obligatorio en nuestro país, sobre todo para los que ya están jubilados, la seguridad social es un rol sustantivo del Estado, por eso no se puede abandonar este sistema. Con un solo aporte el trabajador asegurado obtiene la cobertura de dos seguros: la asistencial que cubre la salud de manera gratuita, y la previsional que cubre la parte económica como jubilación. Rogamos a las autoridades mantener siempre este sistema y cuidarlo como bien nacional.

 

Texto/SF

Por José L. Caravias sj

Hace unos días visité las cataratas con unos familiares. A la vuelta, ya anochecido, al entrar en Paraguay contemplé en el puente internacional un hermoso cartel luminoso que decía “El amor todo lo puede”. Me gustó. Pero unos metros ya dentro del país encuentro la misma frase luminosa, pero esta vez firmada: Cartes y Zacarías Irún. La exclamación que me salió espontánea no se puede repetir acá. Se me revolvieron las entrañas. Una vez más ese manipuleo religioso para justificar un horrendo gobierno. Eso es blasfemia.

Blasfemia es usar el nombre de Dios para legitimar intereses sucios. El Sr. Cartes lo usa para blanquear los inmensos acaparamientos de él y de los suyos. Le encanta aparecer sonriente ante el Papa y las autoridades religiosas. Se presenta como bendecido por Dios. Parece que con frases e imágenes religiosas pretende ocultar sus desprecios al pueblo.

¿A qué Dios adora este hombre? Ciertamente no al Dios de Jesús. Lo que quiere decir la frase del Puente de la Amistad es que el amor al dinero lo puede todo. Él se mueve a base de billetazos. Con sus muchísimos millones, muchos de ellos mal habidos, pretende comprar todo el Paraguay. Es aterrador lo mucho que va pasando a su nombre o a sus prestanombres… Empresas claves, como los medios de comunicación. Y cigarrillos -¡millares de cánceres de pulmón!- como para inundar toda Latinoamérica, sin que las aduanas de su gobierno se den siquiera por enteradas…

A pesar de lo que le atajan sus asesores, a cada rato se le escapan frases de alto desprecio a este sufrido pueblo paraguayo. Lo caracteriza aquel lamentable “usen y abusen”. Es parte y está a las órdenes de sojeros, estancieros y financieras, que componen la mayoría de su gobierno. Su desprecio a los reclamos campesinos es de alto calibre. Ironías lamentables…

En este país que presume de producir alimentos para alimentar a 80 millones de personas, más de un millón de paraguayos pasa hambre. Y se quiere aniquilar lo que queda de agricultura familiar para entregar todas sus tierras a los grandes propietarios. Hay hambre y peligro de hambruna… Los barrios periféricos de las grandes ciudades lo atestiguan. Y los que vivimos cerca de los pobres también…

Denuncias bíblicas

Los profetas bíblicos fueron pioneros en denuncias contra los acaparadores, como luego lo será Jesús. Por ejemplo, Isaías: “¡Ay de ustedes que compran todas las casas y van juntando campo a campo! ¿Así que van a comprar todo y sólo quedarán ustedes en este país?” (Is 5,8). Miqueas es aún más claro: “Pobres de ustedes que meditan la injusticia, que toda la noche traman el mal, y al amanecer lo ejecutan cuando está a su alcance. Si les gustan campos, se los roban; si unas casas, se las toman. Se apoderan de la casa y de su dueño, de un hombre y de su propiedad. Por eso, dice Yavé, yo también tramo el mal contra esa gente, una desgracia tan grande que no podrán hacerle el quite ni caminar con la frente alta” (Miq 2,1-3).

Jesús, siguiendo la línea profética, critica al Congreso de su tiempo –el Sanedrín- afirmando que “preparan pesadas cargas, muy difíciles de llevar, y las echan sobre las espaldas de la gente, pero ellos ni siquiera levantan un dedo para moverlas” (Mt 23,4). Y les dice más: “¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes son como sepulcros bien pintados, que se ven maravillosos, pero que por dentro están llenos de huesos y de toda clase de podredumbre. Ustedes también aparentan como que fueran personas muy correctas, pero en su interior están llenos de falsedad y de maldad” (Mt 23,27s). Jesús acusa así, tan duro, a pesar de que aquel “congreso” estaba situado en medio del Templo y sus miembros eran en su mayoría hombres muy religiosos. Sus denuncias eran tan claras que terminaron condenándolo a muerte.

Al terrateniente que se alegra egoístamente por haber recogido una gran cosecha Jesús lo trata de “necio” (Lc 12,20). Y de las autoridades en general afirma: “Ustedes saben que los gobernantes de las naciones actúan como dictadores y los que ocupan cargos abusan de su autoridad. Pero no será así entre ustedes. Al contrario, el que quiera ser más importante entre ustedes, debe hacerse su servidor” (Lc 20,25s).

Jesús no aguanta la hipocresía de los que se presentan como buena gente pero su conducta es de desprecio y opresión del pueblo. Los denuncia con toda claridad, siempre en defensa de los despreciados y marginados.

Los seguidores de Jesús debemos seguir sus huellas desenmascarando y denunciando a los que bajo apariencia de bien desprecian, marginan y oprimen al pueblo.
Subsidios a la agricultura familiar

Es terrible el éxodo de campesinos buscando en los suburbios un rincón en el que vivir. Y los pocos que prefieren seguir cultivando la tierra se mantienen con muchísimas dificultades y se les presiona para que abandonen sus parcelas a favor de los terratenientes. Un presidente que se burla de los problemas de los campesinos no merece serlo, y mucho menos ser alabado por “poner orden, racionalidad y justicia” al vetar un subsidio a la agricultura familiar. Eso es no tener ni idea de lo que significa seguir las huellas de Jesucristo. Ni de tener dos dedos de frente. Nada de “alta visión y compromiso político con la nación”. Es miopía, torpeza, crueldad…

Muchas naciones prósperas subsidian la agricultura familiar porque son los que alimentan al pueblo y para frenar el éxodo hacia los cinturones de miseria de las ciudades. Cuesta menos mantener productivamente un campesino en su tierra que crear nuevos puestos de trabajo en las ciudades.

Seamos realistas: el gobierno paraguayo en los últimos años ha subsidiado en grande a diversos grupos poderosos, y nunca se dijo que con esa “irracional generosidad” se destruyeran las finanzas del Estado. Ni menos que con ello “se siembra el caos”. Subsidios inmensos, mucho mayores que los que piden los campesinos, se han otorgado a los banqueros privados, a los empresarios del transporte, a los productores de soja en diversos rubros, a la azucarera Iturbe… De subsidios inmensos han disfrutado los latifundistas que se apropiaron de 8 millones de hectáreas en forma mal-habida. Peor que subsidios son las altísimas corrupciones impunes de muchos miembros del gobierno, a todas las escalas. Se subvenciona y se privilegiar a las elites más pudientes e inescrupulosas del país… Ellos sí que arruinan el presente y el futuro de la Nación.

En este país los pequeños agricultores ocupan sólo el 5% de las tierras cultivables. Y aun eso se lo quiere quitar la mafia de las semillas transgénicas, que son las que gobiernan.

Es normal que los pequeños campesinos a veces obtengan cosechas deficitarias, pues dependen de muchos factores climáticos y técnicos, y dada la importancia de su actividad –alimentan a la nación- merecen ser subsidiados para poder seguir sembrando en sus tierras. Pero acá la política parece que busca que pierdan sus tierras por deudas y así poderlas pasar a engrosar los latifundios.

Dos manifiestos cualificados

Afirma un manifiesto de algunos jesuitas del Paraguay salido estos días: “Algo hay de profundamente errático en este modo de conducción del país. Lo que unos pocos consiguen con una simple visita al Mburuvicha Róga y con un poco de lobby con los congresistas, no lo consiguen miles de campesinos reivindicando sus derechos, mal durmiendo y mal comiendo durante semanas por calles y plazas de Asunción. Gente humilde que exige sus derechos, no para aumentar privilegios, ventajas o lucros, sino para poder seguir trabajando y para la simple sobrevivencia de sus familias y las de todos nosotros…

El veto del presidente Cartes es un golpe al campesinado. Es otra señal de la ofensiva del agronegocio y del gobierno para seguir el acaparamiento de las tierras y terminar de hacer desaparecer a los campesinos del campo. Esto significa más éxodo rural, más pobreza, más desarraigo, menos capacidad de producir alimentos y mayor dependencia. Nuestra autonomía alimentaria es cada vez más frágil. Lo que está en juego es la pervivencia de la agricultura familiar, la pervivencia del mundo campesino, el abastecimiento de los productos que cada día hay que poner en la mesa…”

Al final del manifiesto se pide “poner límites legales a los que, teniendo ya el 80% de la mejor tierra del país, hambrean el 5% de que disponen todavía los campesinos”.

Los obispos del Paraguay también abordan el tema. Afirman que “el debate sobre la deuda campesina y sobre las diversas propuestas de leyes para afrontarla reflejan la vigencia del conflicto y la falta de soluciones estructurales a un problema social crónico que es la necesidad de un apoyo integral a la agricultura familiar campesina”. Abogan por una unión de esfuerzos y trabajo en proyectos que de verdad promuevan no solamente el alivio pasajero de los problemas de pobreza y exclusión, “sino que alimenten la esperanza de un pueblo… Los debemos tratar como hermanos que buscan una vida mejor”.

Abogan los obispos por un apoyo integral a la agricultura familiar con políticas públicas explícitas de corto, mediano y largo plazo y en los beneficios que concederá no solo a los pequeños productores, sino a toda la sociedad paraguaya.

Y piden “unir voluntades y recursos en un proyecto en el que prevalezca la dignidad de cada habitante del suelo patrio para que tengan vida plena y la tengan en abundancia”.

Petrona Sánchez de Prieto, de 56 años, tiene 12 hijos, vive en la Calle 11 Alemán Kue, distrito de Horqueta del departamento de Concepción. Está en la plaza desde el inicio de la protesta campesina en Asunción

Comenta que como campesinas no les dan el valor ni el lugar correspondiente dentro de la sociedad. Dice que esta mañana cuando estaban ensayando para el desfile vino a su mente que después de 35 años volvería a formar parte de un desfile patrio.

Si nos dan oportunidad para desfilar dijo la mujer, refiriéndose a las autoridades nacionales y municipales considerando que están más de un mes en la plaza ejerciendo sus derechos de peticionar y sin conseguir respuestas a sus reclamos, va ser una manera de mostrar a la ciudadanía la realidad en el campo. Las tierras ya no están en manos de paraguayos sino de extranjeros y ahora los campesinos están luchando para volver a recuperarlas, indicó

Consultada de cómo la gente de la plaza se prepara para participar del desfile, la señora dijo que va ser así como están viviendo actualmente de manera precaria bajo carpas, sacrificándose más de un mes en Asunción, dando a conocer la realidad en que viven.

Instó a la ciudadanía para que acompañe la causa campesina que lucha por mejorar su condición de vida. Luchamos por acceder a la tierra, así como en su momento los excombatientes se alistaron para ir a la guerra en defensa del territorio paraguayo, dijo casi llorando porque se recordó de su papá que fue participó de la Guerra del Chaco.

Lamentó que estén encerrados y cercados por efectivos policiales, no pueden salir de la plaza, no son libres y se pisotean sus derechos.

PRONUNCIAMIENTO DE LOS JESUITAS EN FAVOR DE LOS RECLAMOS DE LOS CAMPESINOS

En este comunicado queremos manifestar nuestro apoyo a las campesinas y campesinos que siguen firmes en su lucha pacífica para que sean respetados sus derechos. Los campesinos piden al gobierno la condonación de deudas racionales. En un país como el nuestro, todavía con miedo cuando se trata de reivindicar con libertad sus propios derechos, los campesinos siguen siendo la vanguardia de la lucha pacífica por la justicia y la igualdad de todos los paraguayos.

Todos ganamos con su perseverancia. Queremos también expresar lo siguiente:

Hay un grave agravio y una clara injusticia en contra de los campesinos en el manejo de este tema por parte del gobierno y sectores de la sociedad, algunos incluso son de procedencia campesina. Es parte fundamental de una democracia, incluso estrictamente formal como la nuestra, que los diferentes sectores sociales tengan el derecho a exigir al gobierno de turno políticas que beneficien su sector. Este derecho se ha puesto en práctica con éxito varias veces durante los últimos gobiernos, incluido el actual. Se movilizaron los dueños del transporte público y consiguieron subsidios, al menos en dos oportunidades, por más de 100 millones de dólares. Los beneficiarios fueron un reducido número de personas. Cabe decir que estos subsidios no impidieron el alza del pasaje; tampoco implicó mejora significativa en la calidad del servicio.
Beneficiada fue también la azucarera Iturbe. El subsidio estatal alcanzó 15.000 millones de guaraníes (UH 11/8/2014). No podemos saber cuántos han sido los reales beneficiarios de esta suma de dinero subsidiado. Sí sabemos que este recurso no llegó a muchos de los pequeños productores de caña de azúcar de la zona, verdaderos perjudicados de la quiebra. TIGO es una de las empresas transnacionales más poderosas del país. Últimamente fue noticia por el aval del BID para un préstamo con fondos provenientes del sudor de los trabajadores del país: el IPS. Se trata de 66 millones de dólares concedidos con la tasa de interés más baja del mercado (ABC, 4/ 7/2017).

Otro caso, quizá el más paradigmático, es la subvención a los sojeros. Los grandes propietarios probablemente no pasen de un millar de personas, pero se han hecho con el uso y abuso de amplios territorios y controlan prácticamente el 80 por ciento de las tierras más fértiles del país. El escándalo llega a tal punto que los territorios indígenas, que según la Constitución de 1992, no pueden ser arrendados y es delito hacerlo, son de hecho invadidos y usurpados con los más diversos motivos en connivencia con los poderes del Estado.

El modo de actuar del agronegocio, protegido y auspiciado por varias instancias de gobierno, incluido el legislativo y judicial, conduce al acaparamiento de las tierras y desaparición de la valiosa producción de los campesinos y su misma existencia. Esto significa más éxodo rural, más pobreza, más desarraigo, menos capacidad de producir alimentos y mayor dependencia.

Nuestra autonomía alimentaria es cada vez más frágil. Lo que está en juego es la pervivencia de la agricultura familiar, el valor difícilmente sustituible de su producción con costos muy reducidos y gran sustentabilidad ecológica. El agronegocio ha montado un verdadero imperio en base a privilegios, desde que se instalaron en los `90, hasta la actualidad. Junto con los transportistas, entre el año 2000 y 2008 dejaron una deuda, subvencionada por el Estado, de más de 300 millones de dólares a PRETROPAR. Se les ha privilegiado con millones de hectáreas de tierra mal habidas o destinadas a la reforma agraria; se les ha reducido el impuesto inmobiliario, se les ha permitido pagar el 5 % de IVA mientras que el resto de la población paga el 10; se les ha permitido no gravar su producto, a pesar de las gravísimas consecuencias ambientales y humanas que produce (R. Canese a Ñanduti (6/8/ 2017), (E´A, 4/8/2017). Para el presente año ya han tenido una subvención de 37 millones de dólares para combustible.

Queremos expresar con firmeza que este modo de subvencionar y de privilegiar a las elites más pudientes produce escándalo. Se perjudica y se margina a los más indefensos, a los ya empobrecidos, los que más necesitan y que son la mayoría. Con tal práctica se vulnera no solamente la dignidad humana, sino uno de los principios básicos de cualquier democracia.

Ellos son gente humilde que exigen sus derechos; no buscan privilegios, ventajas o lucro, sino seguir trabajando y produciendo en rubros agrícolas que hoy se encarecen debido a que tienen que ser importados. El día en que falten los campesinos habrá que reinventarlos.
Las políticas de gobierno deberían tomar en serio los problemas que aquejan el campo; que busque soluciones reales a sus necesidades y evitar lo que todavía puede ser evitable: la desintegración de una dimensión esencial para el país: la vida rural y todo lo que ésta significa. No ama al país quien no ama a toda su gente.

Somos conscientes de que el fortalecimiento de la agricultura familiar es un problema complejo, que rebasa por completo la aprobación de una ley de condonación. El Paraguay necesita del mundo campesino y éste necesita leyes que favorezcan y mejoren sus condiciones de vida, así como diversas políticas para aumentar la capacidad productiva de los alimentos básicos y otros productos que el Paraguay y la región necesitan.

El Papa Francisco nos dice en la Encíclica Laudato Si: “Para que siga siendo posible dar empleo, es imperioso promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial. Por ejemplo, hay una gran variedad de sistemas alimentarios campesinos y de pequeña escala que siguen alimentando a la mayor parte de la población mundial, utilizando una baja proporción del territorio y del agua, y produciendo menos residuos, sea en pequeñas parcelas agrícolas, huertas, caza y recolección silvestre o pesca artesanal.” (n. 129)
Solicitamos, tanto al poder Ejecutivo como al Legislativo, que reconsideren los pedidos de los campesinos enfrentando los problemas reales del campo y tomando decisiones que sean justas, equitativas y den soluciones más definitivas a dicha problemática.

Asunción, 12 de agosto del 2017.