Inicio noticias

Escuche audio:
En el local del Instituto Agroecológico Latinoamericano IALA Guaraní ubicado en la localidad de Nueva Italia del departamento Central se realiza un encuentro de formación internacional. Se trata de un espacio con el propósito de compartir las experiencias de formación impulsadas desde la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones Campesina CLOC-Vía Campesina.

Viviana Catrileo, de Chile

Viviana Catrileo, de Chile

Son procesos que vienen desarrollándose en los institutos y escuelas agroecológicas que son acompañadas por la CLOC-Via Campesina
Viviana Catrileo, de la Asociación Nacional de Mujeres e Indígenas ANAMURI de Chile, una de las participantes dijo a DEMOINFO Paraguay que esta oportunidad están socializando la experiencia de siete institutos y escuelas agroecológica en toda Latinoamérica

Entre otras cosas se busca nutrir los procesos y articulaciones orientados por en los Comités Políticos Pedagógicos CPP. En las articulaciones de los IALAS se trazan objetivos comunes para el fortalecimiento de la agroecología, se camina hacia la soberanía alimentaria, dijo.

El encuentro concluirá este fin de semana

Escuche audio: 
La Coordinadora Nacional Intersectorial CNI que ya lleva más de 35 días de movilizaciones en Asunción aguarda que la Cámara de Senadores rechace el veto del Ejecutivo referente a la ley del subsidio de las deudas de los pequeños agricultores.

Esther Leiva, dirigente dijo el tema será abordado este jueves 17 de agosto en la plenaria del Senado. Cifran esperanza que los parlamentarios acompañen el pedido de los campesinos. Si los senadores no responden a la expectativa adhiriéndose al Ejecutivo pueden ser considerados traidores de la patria, dijo

EL CASO

La Comunidad Tekoha Sauce del Pueblo Avá Guaraní Paranaense es una comunidad indígena conformada por 43 familias, que habitaba la zona del Alto Paraná de Paraguay y que fue desplazada forzosamente por la construcción de la Itaipú Binacional.

Han pasado casi 5 décadas desde que las 36 comunidades indígenas fueron desplazadas involuntariamente de su territorio, sin ser reasentadas e indemnizadas debidamente en congruencia con lo establecido en la legislación Internacional y Nacional. Cansados de las promesas del Estado, la Comunidad recobró fuerzas y retornó a sus tierras ancestrales en agosto de 2015, mientras realizaban gestiones ante el Instituto Nacional del Indígena (INDI), Itaipú Binacional y el Instituto Nacional de Desarrollo Rural (INDERT), sin resultados alentadores.

Lastimosamente, el 30 de septiembre de 2016 fueron desahuciados de manera violenta; ese día todos sus bienes materiales fueron incendiados, incluyendo chacras, viviendas, escuela y templo ceremonial. Esta situación hizo que la Comunidad se refugie, en condiciones de extrema precariedad, en la Reserva Ecológica Limoy, paradójicamente ahora perteneciente a la Itaipú Binacional.

En octubre del 2016 se conformó una mesa de diálogo con altas autoridades del Estado, en cuyo espacio la comunidad decidió participar con la esperanza de encontrar respuestas concretas a sus demandas de restitución territorial y de asistencia humanitaria. Dicha mesa fue conformada por la Corte Suprema de Justicia y su Dirección de Derechos Humanos, la Cámara de Senadores, el INDI, INDERT, el Ministerio de Educación y Ciencias, la Itaipú Binacional, y líderes de la Comunidad Sauce.

Esta Mesa asumió, a través de sus distintas entidades, compromisos para dar respuesta a los reiterados pedidos de asistencia humanitaria con alimentos; el reconocimiento formal de Cristóbal Martínez como líder de la comunidad; y la posibilidad de estudio de una posible reubicación, entre otros. A la fecha, se hicieron numerosas reuniones sin avances concretos respecto al cumplimiento de estos compromisos, ni se ha abordado la restitución del territorio ancestral de la Comunidad.

Por todo ello, la Comunidad Avá Guaraní Tekoha Sauce convoca a una Conferencia de Prensa donde presentarán un Comunicado a la opinión pública al respecto.

Para más información o para concertar entrevistas, póngase en contacto con: Cristóbal Martínez, Líder de la Comunidad, teléfono: (0983) 275 954, y con Amada Martínez, Lideresa de la Comunidad, teléfono: (0986) 488 260, o al correo: amadamartinez.sauce@gmail.com

 

Los líderes de la Comunidad Avá Guaraní Tekoha Sauce convocan a una conferencia de prensa, donde expondrán los motivos de su retiro de la Mesa Interinstitucional con entidades del Estado.

Fecha y hora: Jueves 17 de agosto del 2017, 11:00 horas de la mañana.

Local: Celsa Speratti 3865 entre Cap. Cañiza y Radio Operadores del Chaco, Asunción.

 

Fernando Masi, en su último artículo para la revista Economía y Sociedad explica que “las exportaciones en concepto de maquila han venido creciendo en forma importante a partir de 2013. Así, de un monto total anual de US$ 160 millones en 2013 se elevaron a US$ 295 millones en 2016. Pero su participación en el total de las exportaciones sigue siendo muy escasa luego de pasar de 3,2% en 2013 a 4,6% en 2016. La participación en la suma de exportaciones industriales (incluidas las de productos agroindustriales) es mayor pero todavía poco significativa: de 4,4% en 2013 y 7,6% en 2016”.

El autor agrega que “la maquila es generadora de una importante cantidad de puestos de trabajo. De acuerdo con cifras oficiales, las factorías de maquilas dan trabajo a 11.000 personas, concentrándose el 63% de esa mano de obra en la elaboración de autopartes y textiles ”.

Desde la creación del régimen de maquila en el año 2000, según Masi “este renglón productivo recibió poca atención de los gobiernos, y la mayor dedicación que le brindó la actual administración desde 2013 tampoco generó resultados espectaculares. El crecimiento de las exportaciones y de las inversiones, en esta modalidad, fue en este período varias veces mayor que en todos los anteriores, pero la maquila no se ha convertido en el motor de la industrialización del Paraguay, ni mucho menos”.

Para el experto “una de las principales razones de ello tal vez resida en el hecho de que la mayor parte de las compañías que invierten en maquila, principalmente las brasileñas, son empresas medianas y pequeñas. Si alguna participación hubo de corporaciones grandes, sus inversiones no fueron necesariamente mayores. La excepción estaría dada por las empresas asiáticas productoras de cableados para automóviles que se montan en el Brasil”.

El autor concluye considerando que “sería poco realista pensar que la maquila en el Paraguay pueda convertirse en algo similar a lo que fue el fenómeno de la maquila en México en los 70 y 80 del siglo pasado, o alcanzar la importancia de las zonas de procesamiento para exportaciones en China. Mientras las grandes inversiones de las que el país se ha beneficiado se han ubicado en el sector de las agroindustrias, y las potenciales grandes inversiones están siendo consideradas en el sector de minerales no metálicos (cemento, principalmente), en el de minerales metálicos (titanio, oro, uranio) y en el de petróleo y gas, la maquila no puede aspirar a llegar más allá de ser solo un complemento del aparato productivo nacional”

 

Fuente: Comunicación CADEP

Por Dionisio Borda*

La agricultura es una actividad económica de alto riesgo por su fuerte exposición a los cambios del clima y a la volatilidad de los precios. El acelerado deterioro del medio ambiente y la creciente globalización de los mercados no hacen sino acentuar cada vez más su vulnerabilidad, principalmente para los pequeños productores del campo, quienes generalmente no tienen como defenderse de los choques externos.

La recurrente y compleja crisis de la agricultura familiar campesina en nuestro país entraña desafíos de políticas agrarias que vayan más allá de una simple respuesta a problemas de productividad y financiamiento. Su solución requerirá un abordaje integral y acciones coordinadas que garanticen la producción de alimentos y la generación de empleos para un sector importante de la población, cuyo debilitamiento y rápida destrucción tendría un alto costo económico, social y político.

En general, el desarrollo económico conlleva una migración rural-urbana, una tendencia de disminución de las pequeñas fincas y un mayor nivel de monetización de las actividades agrícolas, tanto por la presión del consumo como por la necesidad de incorporación de más tecnología. Frente a la debilidad de las políticas agrarias, a menudo se apela a la intermediación comercial y financiera rural para resolver parte de los problemas de las pequeñas fincas, pero estas soluciones crean mayor dependencia y vulnerabilidad, sobre todo cuando las fincas enfrentan situaciones adversas.

En nuestro país, la problemática de la agricultura familiar campesina presenta diferentes matices. En las dos últimas décadas hemos asistido a una expansión continua de la agricultura empresarial, principalmente sojera, con fuerte presencia de inversiones extranjeras. La reciente movilización de los sojeros ha dejado traslucir hasta qué punto, en los departamentos donde se realizó el tractorazo, los empresarios agrícolas han arrinconado a la antigua producción diversificada de la agricultura familiar campesina.

Desafortunadamente, no existen políticas agrarias de contrapeso que hagan posible la coexistencia de ambas formas de producción. El incumplimiento de las regulaciones medioambientales pone en dificultades a nuevos rubros de producción que no deberían estar expuestos a los agroquímicos. La presencia prácticamente nula del Estado en el apoyo a la agricultura familiar campesina hace que la competencia entre estas dos formas de producción termine con un saldo negativo, donde la destrucción de puestos de trabajo es más rápida que la creación de empleos, generando más desocupación y pobreza rural.

En otros departamentos con menos presencia de los agronegocios, la producción agrícola esta atomizada en fincas que tienen problemas de acceso vial de todo tiempo, situación que plantea dos complicaciones: falta de economía de escala y de facilitación de mercado. En estos casos, no existe suficiente volumen para comercializar en los centros de consumo más cercanos y los pequeños productores quedan en manos de unos pocos intermediarios o, simplemente, por problemas de caminos y transporte, no pueden sacar sus productos a los mercados.

En otras regiones, la agricultura familiar campesina ha encontrado respuestas en la producción de frutas y hortalizas. Pero, en estos casos, los productores están expuestos a los riesgos climáticos, encuentran dificultad para incorporar tecnologías apropiadas, tienen escasa disponibilidad de instalaciones post cosecha para regular la entrada de los productos al mercado, o reciben ayudas simbólicas de programas diseñados para la corrupción. Y, en muchas ocasiones, los nuevos rubros de producción promovidos por el propio Gobierno son sometidos a la dura competencia de productos importados o a fuertes caídas de precios.

En general, la agricultura familiar campesina necesita de más educación y formación técnica, principalmente mejor manejo de los aspectos comerciales y financieros de la producción para convertir las fincas agrícolas en unidades de negocio rentables y sustentables. En nuestro país no se observan esfuerzos serios del estamento político y del Estado para abordar la producción de la agricultura familiar campesina de forma integral y coordinada entre las diferentes instituciones agrarias del sector público, teniendo presente las diversidades regionales y los diferentes tipos de explotaciones agrícolas.

El nuevo modelo de desarrollo de la agricultura familiar campesina debería contemplar, por un lado, un arreglo institucional más integral y coordinado para el fortalecimiento y sostenibilidad de las unidades de producción a mediano y largo plazo; y, por otro, una articulación de políticas que contemplen el acceso a la tierra, la mejora de la productividad de los rubros de explotación de las pequeñas fincas, la capacitación y adopción de nuevas tecnologías, asistencia crediticia ágil para los planes de negocios y acceso a los mercados.

Debería, también, dotar a las pequeñas unidades campesinas de economía de escala para las compras y las ventas de las fincas a través de sistemas de cooperativas de producción y consumo, privilegiando la seguridad alimentaria, la productividad y el ingreso familiar. Asimismo, la estrategia de negocio debería, por una parte, combinar los ingresos de la producción y de la transformación de productos de la finca, de las labores fuera de la finca, de las ventas como proveedores del Estado y de los trabajos de construcción y mantenimiento de las obras públicas rurales. Y, por otra, contemplar la gestión de riesgo a través del seguro agrícola y de subsidios frente a factores exógenos adversos.

El financiamiento de la agricultura familiar campesina es necesario, posible y justo, pero debería responder a un nuevo modelo que supere sus actuales restricciones y crisis recurrentes, que garantice la seguridad alimentaria del campo y de la ciudad, permita generar empleos dignos y contribuya a acortar la brecha de la desigualdad rural.

*Ex ministro de Hacienda

Este artículo forma parte de la edición N° 51 de Economía y Sociedad, publicación perteneciente al Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (CADEP)

Parte de la homilía de Mons. Edmundo Valenzuela, ayer martes 15 de agosto durante la misa central realizada por la Fiesta de la Virgen de Nuestra Señora de la Asunción.

“No tenemos en mente la difícil situación de vida de este 30% de la población paraguaya que es campesina. ¿Por qué a ellos no se les puede ayudar en su emergencia? ¿no se ha ayudado en otras emergencias a los transportistas, a los cañicultores, a los de la producción sojera? No parece justo retacearles su necesidad vital, aunque sabemos que pueden existir varios argumentos muy válidos, pero siempre hay caminos de solución adecuadas para sus vidas y sus familias. La sociedad no puede perder a los campesinos, son parte esencial de su historia y su cultura”.

Hace falta por el contrario mayor atención a ellos, a sus familias, a su organización, a su educación agraria, a su vida solidaria y cooperativa, al engranaje de su producción y comercialización de la producción agraria. Los obispos acabamos de pedir la respuesta a la actual emergencia de la agricultura familiar, pero también la respuesta estructural de fondo propiciada por los programas y planes de las futuras autoridades nacionales.

A los campesinos los debemos ver como hermanos, ellos como nosotros buscan una vida más digna para sus familias y sus comunidades, por eso hoy particularmente rezamos por ellos y les decimos que los queremos, que son hermanos nuestros.

Otro tema semejante a este es el tema de la defensa del seguro social obligatorio en nuestro país, sobre todo para los que ya están jubilados, la seguridad social es un rol sustantivo del Estado, por eso no se puede abandonar este sistema. Con un solo aporte el trabajador asegurado obtiene la cobertura de dos seguros: la asistencial que cubre la salud de manera gratuita, y la previsional que cubre la parte económica como jubilación. Rogamos a las autoridades mantener siempre este sistema y cuidarlo como bien nacional.

 

Texto/SF