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Escuelitas campesinas en la experiencia educativa de TUNA

Diálogo sobre la experiencia educativa de Tuna

El jueves 1 de junio se realizó el interesante Diálogo con el P. José Miguel Ortega sobre La Experiencia Educativa de Tuna, de la cual fue uno de los protagonistas. El P, Ortega señaló que “hay que asumir la experiencia de Tuna dentro de la historia de las escuelitas campesinas, y éstas a su vez dentro de la historia de las Ligas Agrarias Cristianas en cuyo contexto surgen.

Varios pa’i estuvieron en su origen como promotores de las Ligas, el P. Caravias, el P. Farré, el P. Maciel, el Hno Anastasio, entre otros. “La experiencia nació con el Concilio y se afianzó con Medellín una nueva forma de vivir la fe y la Iglesia en el campesinado pobre y abandonado”. Citó al “Grupo de los 72”, integrado por sacerdotes diocesanos y religiosos y monjas, “gente que estaban trabajando con el campesinado; algunos con estudiantes” “Era también la época de la dictadura de Stroessner, que se sentía en el campo de una manera muy fuerte a través de las seccionales que había en cada lugar. Los campesinos empezaron a darse cuenta de su situación; quisieron otra manera de vida que diera sentido,y encontraron en el evangelio y el proyecto de comunidades cristianas” Conforme se iban organizando y extendiendo las Ligas en varios departamentos de la Región Oriental, encontraron maneras de poder subsistir y liberarse de la persecución y del tema mercantilista, del comercio explotador.

“Con una conciencia muy grande producían para la su sustento, comían lo que producían; aunque siempre tenían que sembrar una parte de la chacra era para hacer plata para aquello que no producía para cubrir sus necesidades. Todo eso en el ambiente de la época, que creaba unos mecanismos muy bien estructurados; las
algodoneras y sus intermediarios (acopiadores) que daban préstamos para comprometer sus cosechas de las que sacaban el monto del préstamo. Es lo que aún hoy hace la tabacalera del señor Cartes en Choré; que a toda la gente que trabaja para la tabacalera les dan préstamo y tienen la obligación de venderle la cosecha, y si no lo hacen, les denuncian, es el convenio que firman para poder recibir el préstamo. Y eso se lo dicen por la radio ‘no venda a otros que les podemos denunciar’”

Entre las propuestas de escaparse de régimen que se vivía en esa época, surgieron varias iniciativas, una el trabajo de minga con lo cual se ahorraba lo que había que pagar por jornal diario a los que venían a trabajar en la chacra. Ahora se hacía con los compañeros de la organización. El único compromiso era el almuerzo. Cuanto más se perseguía a la gente de la Liga, más se la usaba porque eran espacios para reunirse para hablar sin que los persiguieran o llevaran a la cárcel. Otra cosa era el almacén de consumo. “La platita que sacaban lo llevaba lo que no podían producir, arroz, fideo, sal, azúcar, ka’a. En el almacén de consumo lo ponían a precio de costo.

Había compañeras y compañeros que los atendían. Empezaron a fundirse cuando la gente empezó a pedir préstamo. Se daba préstamo por que no tenian plata, cuando hay hambre ya no hay remedio, se sabe que el compañero tiene familia… cuando el hambre aprieta, se le da préstamo, y cuando ya no había plata se fundía el almacén. Hicieron también botica (farmacia) comunitaria con remedios básicos, que podía tener allí porque no había en el campo” “Los campesinos sentían demasiado fuerte la opresión que causaban los intermediarios y los comerciantes grandes que iban con sus camiones a los pueblos. Eso estaba en manos de los colorados de las seccionales. Los comerciantes sintieron que perdían, iban ofreciendo préstamo y los campesinos decían que no, y vendían juntos directamente a la desmotadora y conseguían mejor precio, y los intermediarios se quejaban La mayoría de la gente eran colorados y no les podían controlar, no estaban sujetos a caprichos de la seccional. Había gente que había peleado como colorado en la guerra civil del 47 y que ahora estaba en las Ligas. Aprendieron que tenían una dignidad y que tenían que vivir de otra manera , que eso no era lo que quería Dios. Fue una experiencia linda”

Más adelante se tuvo las escuelitas campesinas. “Vieron que a sus hijos en la escuela oficial se les enseñaba, se les decía algo que estaba lejos de lo que ellos aspiraban: más fraternos, más libes, que pudieran vivir como hermanos” La escuela oficial dividía, hacía mucha competencia, los marginaba. Desde al primer día y siendo chiquitos en el primer grado tenían que hablar castellano, y eran castigados si hablaban guaraní; y se callaban, entonces no aprendían nada En las escuelitas campesinas no se tenía uniformes, se enseñaba todo en guaraní, sobre todo en los primeros grados. Los maestros no eran licenciados ni con carrera, eran pytyvohara. Se les llamaba así porque, recogía la mentalidad de que el que está al frente del aula no es “mboehara” sino el que ayuda a crecer, que ayuda a aprender y que siguiendo el método de Freire tenía que partir de la realidad que los niños vivían. A partir de la escuelitas surgió el librito en guaraní para aprender a leer (Ko’etï). Margarita Durán escribió, esta vez en castellano, la historia del paraguay desde los pobres, a partir del libro de Eduardo Galeano “Las venas abiertas de América Latina”, una historia latinoamericana desde los pobres; así, desde el pueblo, una historia del Paraguay.

“Al pytyvohára la comunidad les ayudaba con algo, le daban de comer, se preocupaban por ellos, era un trabajo ofrecido como servicio, teniendo la importancia que tiene la otra persona, valorando el guaraní, -lastimosamente ahora han puesto como obligatorio pero no enseñan bien, se convierta en materia a la que los alumnitos tienen miedo, quiere decir que está mal. Si queremos que aprenda, debe ser en su lengua, leer y escribir lo que está en su lengua, a partir de esa base, una base sólida desde lo suyo propio” La escuela de Tuna “Yo estaba de párroco en Santa Rosa (Misiones). Llegué en febrero de 1972. Había escueliltas campesinas en algunas comunidades de Santa Rosa, pero no en esta comunidad de Tuna (hoy se llama Gabino Rojas; hasta el nombre le quitaron porque era subversivo. No tenían escuelita y había grupo de Ligas, y querían una escuellita. Los niños sufrían en la escuela oficial; tenían que mandarlos retirado, y, lo peor era lo que aprendían en la escuela, y el trato que recibían por no hablar castellano. Desprecio. Era muy doloroso”

En 1974 se vinieron a la Parroquia dos profesores españoles; Bonifacio Talavera y Antonio Ortega, -hermano del P. José Ortega-, quienes ya estaban en coordinación con el mismo. Con las campesinos en la reunión mensual eligieron que fueran a esa comunidad de Tuna donde enseñaran. Tuna está a la entrada de Santa Rosa, a la derecha, al lado de San Joaquín, predio de los jesuitas que en esa época lo tenían ocupado gente de las Ligas de Santa María, de Santa Rosa; entraron también jóvenes de la Juventud Agraria Cristiana. Unos a un lado de la ruta, otros del otro lado. Anduvieron juntos bien. Por allí se entraba para ir a la comunidad de Tuna. Los jóvenes españoles que vinieron se formaron e escuela de magisterio de los Jesuitas en Jaén, Habían sacado una nota mayor a 8 sobre 10, y había una ley en España que les hacía enterar automáticamente al magisterio, los otros hacían oposición”.

Los dos tenían derecho de hacer al acceso directo al puesto, y con venir a Paraguay perdieron ese privilegio. “Eran voluntarios que venían sin sueldo y la gente los mantuvo el tiempo que estuvieron aquí. En Tuna, hablando con los campesinos, todo se hizo con los padres; los campesinos les contaban lo que querían y los maestros lo que podían hacer. Se entusiasmaron. Hicieron la escuela con ladrillos, con el trabajo de la comunidad en minga, había olería, serraron maderas, compararon tejas, y está hasta hoy esa escuela que levantaron en el 74” La escuela tenía un aula solamente. En los cuatro rincones había un pizarrón en la pared y una pequeña estantería con libros que consiguieron de Asunción y de España. Los maestros empezaban por lo que habían aprendido: la educación personalizada. Los niños no eran de primer o segundo grado; no había grados. Recibían al inicio de la semana un folio donde estaba el trabajo que debían hacer durante la semana. Ellos les explicaban.

Los alumnos tenían que investigar. Al final de la semana -a veces al medio de la semana- debían exponer a los compañeros lo que habían trabajado y recibir de los compañeros también lo que habían trabajado, no críticas”. “Era lindo ver, con que pasión y entusiasmo estaban. En el proceso no debía decirse silencio muchachos,, soy testigo de que los profesores se mataban preparando los folios (tareas de educación personalizada) de la semana, lo hacían en el mimeógrafo de la parroquia, una tabla con tinta, cosa primitivísima; así trabajaban”

La experiencia educativa de Tuna funcionó muy bien; la gente de la comunidad se animó a pedir reconocimiento de la escuela al Ministerio de Educación; así se tendría reconocimiento de los estudios de los alumnos. “El niño de la escuela de Tuna sabía mucho, había crecido mucho como persona, pero no había planillas, no había reconocimiento” “Mi impresión fue que al solicitar la oficialización las autoridades del MEC empezaron a ver, no en cuanto al método sino en cuanto al contenido. El problema empezó porque abrieron cartas de ellos que hablaban de la situación del país y del campesinado, y por otra parte, porque la escuela oficial vecina perdió alumnos, se pasaban a la escuelita. En esa escuela oficial había dos o tres maestras de Santa Rosa que vieron que al perder alumnos se quedarían sin trabajo”.

La experiencia de Tuna fue de dos años; la de las escuelitas campesinas duró muchos años. “La la diferencia es que en Tuna los dos pytyvoháras eran maestros profesionales, en las demás ninguno era profesional. Sin embargo, en todos los casos la pedagogía apuntaba a sacar de uno y del ambiente, de la vida de la gente y de allí construir el conocimiento; esa metodología se usaba, la de Freire”. Al comienzo los maestros vivían en casa de un campesino. Después, cerrando el corredor hicieron pegadas a la escuela dos piezas, una para que durmieran, otra para trabajar. Los padres de familia les daban de comer, por turno. Si necesitaban un gasto de dinero, se lo daban de la escuela.

“En la escuela había niños pyandi también;no había exigencia de llevar zapatos, medias, uniformes, tampoco había desfiles. Igual que las otras escuelitas, respetaban los tiempos de trabajo campesino. En la época de cosecha de algodón, el niño iba a recoger algodón, por eso las vacaciones no siempre coincidían con las de las otras escuelas oficiales, eso muy de acuerdo con los padres. Los padres llevaban la escuela. Los padres colaboraban estrechamente en la formación de los hijos; había con frecuencia reunión con los padres Los maestros coordinaban, iban a reuniones de coordinación de pytyvoháras.

Se contaba con mesas en forma de trapecio que permiten reunirlas formando círculos. Nunca se ponían mirando al profesor; se ponían a trabajar en grupo. La represión. No se pudo terminar ese segundo año en 1975; el 4 de marzo se da la represión. Hubo una campaña en contra, incluso el diario Patria, del Partido Colorado, hizo publicaciones sobre la escuelita de Tuna. Molestaba el estímulo de pensamiento crítico y el conocimiento de la realidad. La acusación era
la de siempre: “comunismo”. “En una ocasión en que mi hermano estaba en la casa parroquial imprimiendo los folios, un policía se acercó diciéndole ‘tiene que acompañarnos a San Juan’, lo llevaron a la policía; luego llevaron también a su compañero”.

“A ambos los llevaron a Asunción, y a la mañana siguiente los expulsaron a Clorinda. Toda la noche se pasaron por un interrogatorio. La policía se llevó todo su material. Sería importante recuperar del Archivo el Terror, esta allí. Le preguntaban sobre las mismas fichas de estudio; eran problemas sobre la realidad de ellos
(los alumnos) y la realidad del país”. Luego la escuela paso a manos del estado. Dos días después se presentó Ramírez Russo con una comitiva numerosa; les dieron a los niños cualquier cantidad de materiales. Los nuevos maestros se quedarían allí. Entró un tractor para reparar el camino. La gente les escucho y luego les dijeron ‘queremos que vengan nuestros maestros’, Como no volvieron, fue horrible para los niños” Al año siguiente, en abril del 76 el P. José Ortega fue expulsado del país. Fue a trabajar en Ecuador con campesinos indígenas.

Los maestros españoles expulsados siguieron comprometidos con la comunidad de Tuna enviando ayuda para la construcción de la escuela, y, luego del golpe del 89, volviendo de visita y reencontrándose con sus ex-alumnos. Preguntado sobre si la experiencia se podría repetir en el país, indicó que muchas cosas aprendidas con las escuelitas “se puede volver a repetir, aunque hay modelos para hoy, lo de las Ligas quizá ya no se puede hacer. Lo importante es que, hay que aprender de las cosas del pasado, aciertos y deficiencias, como el que se dejaron un poco de lado a las mujeres, las Ligas eran de hombres, las mujeres tenían que conformarse con preguntar sobre lo que se habló en la reunión. Al final también participaron algunas mujeres”, Se habló sobre los efectos de la experiencia de Tuna y de las escuelitas campesinas en general. Muchos de los dirigentes campesinos actuales, en distintos lugares del país, han sido hijos de miembros de las Ligas Agrarias e incluso alumnos de las escuelitas.

En Fe y Alegría puede notarse el efecto en la orientación del PREBIR con sus aty semanales y sus proyectos comunitarios; así como en sus escuelas suburbanas y rurales, y en especial en las escuelas agrícolas de Arroyito (Concepción), Kamba Rembe, (Resquín-San Pedro) y San Joaquín (Caaguazú). En las escuelas rurales se sigue enseñando en guaraní y se busca estimular el pensamiento crítico. Se refirió a la necesidad de mayor libertad en educación, a la importancia de la lengua materna en educación, sobre la motivación de los docentes y sus dificultades. Se habló sobre la experiencia con indígenas de San Pedro, sobre la experiencia de formación de jóvenes que no pudieron hacer la secundaria, Arandu rapé, con una pedagogía de la educación popular, con el P. Farré y de la actual Universidad Popular. El P. Ortega indicó que en el libro “En busca de la tierra sin mal” se puede tener una visión de las Ligas y de las Escuelitas Campesinas. Asimismo relató el modo como fue posible escribir y publicar las experiencias y hacer llegar algunas copias al Paraguay, que circulaban de persona a persona.

PARA LOS INTERSADOS EN PROFUNDIZAR EL TEMA:

Se cuenta con la grabación del Diálogo. Asimismo el P. José Ortega señaló que se puede consultar el libro “En busca de “la Tierra sin Mal”, escrito en Ecuador y publicado en 1982 por el Equipo Expa .(Expulsados del Paraguay), los padres José Luis Caravias, Miguel Mun

 

 

Fuente: DIÁLOGOS SOBRE EDUCACIÓN
Boletín Nº 41

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