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“Nosotras sabemos cuál es nuestro futuro si no pagamos las deudas”

Ayer martes uno de agosto cuando la tarde estaba a punto de caer sobre la Plaza de las Armas (Asunción), de fondo suena un ritmo tropical para animar el ambiente y el sol tiñe de naranja las carpas improvisadas por campesinos que abandonaron familia y el calor de su hogar para exigir sus derechos. En los últimos días lograron resistir temperaturas bajo cero, y cuando el frío se vuelve implacable encienden una pequeña fogata cerca de su hogar temporal de plástico. Del lado derecho, hacia La Catedral, el número de toldos aumentan y de a ratos se escuchan personas tosiendo, una consecuencia de las bajas temperaturas que trajo consigo gripe y fiebre.

Esta es la cuarta semana de protestas de los campesinos y campesinas en Asunción en busca del subsidio de sus deudas, que no pudieron pagar debido a la pérdida de gran parte de sus cultivos y los bajos precios de sus productos. Lo único que les queda son las tierras para seguir trabajando, perderlas significaría abandonar el campo y vivir con sus hijos en la periferia de la ciudad y en la miseria, es lo que intentan evitar. Así que quedarse en Asunción hasta que el Gobierno acepte subsidiar el pago de sus deudas es la única opción que encuentran.

Los manifestantes están instalados en la Plaza de las Armas, frente al Congreso Nacional bajo carpas distribuidas por organizaciones departamentales. En el grupo de Concepción, las mujeres se recuperan de la gripe que contrajeron en medio de bajas temperaturas, conversan de sus preocupaciones que van en aumento con el pasar de los días.

Sus esposos quedaron a cuidar de los hijos, de los animales y la chacra, pero las últimas noticias que recibieron son desalentadoras, pues perdieron el poco cultivo que les quedó, incluso los de subsistencia a raíz de las heladas registradas hace una semana.

Graciela González

Graciela González tiene 50 años y vive en Loreto/Foto: NF

Graciela González tiene 50 años y vive en Loreto/Foto: NF

Graciela González tiene 50 años y vive en Loreto, donde cuida de su casa y sus hijos, pero también trabaja en la chacra y atiende a los animales con su marido.

La pareja hizo un préstamo para compra semillas, implementos para la limpieza de las malezas para la instalación de un sistema de riego y la malla de media sombra para proteger los cultivos.
Pero perdió parte de las frutas y hortalizas debido a intensas lluvias, lo que quedó intentó vender en el mercado de Concepción, donde las bolsas de locote, tomate, piña y sandía se pudrieron y los precios quedaron por el suelo.

En una época el Estado les alentó a plantar sésamo bajo el argumento de que había un mercado seguro en el exterior, pero al momento de la cosecha solo las empresas exportadoras se beneficiaron, pagado bajísimos precios a los productores por las oleaginosas.

Estas situaciones provocaron que no pudiera pagar las cuotas de su deuda, en tanto que los intereses fueron subiendo y ahora recibe constantes amenazas de la empresa encargada de cobrar.
Su temor y el de sus compañeras que la acompañan en la carpa es perder sus tierras como forma de pago de sus deudas. Esto implicaría que abandonen su pueblo y vivan en la periferia de la ciudad sin trabajo.

“Nosotras sabemos cuál es nuestro futuro si no pagamos las deudas. Asunción es cara y nosotros solo sabemos cultivar la tierra, qué vamos a hacer acá sin trabajo, qué le vamos a ofrecer a nuestros hijos. Nosotros no nos sentimos a gusto acá, nosotros somos de la campaña, donde no necesitamos comprar leche, mandioca, gas ni carbón, acá vamos a vivir en la miseria”, expresó González sobre su situación.

El problema que afronta Luisa Barreto en el distrito de Belén no es muy diferente. Desde la Coordinadora Departamental de Organizaciones Campesinas de Concepción, tuvo la oportunidad de hablar con el ministro de Agricultura y Ganadería, Juan Carlos Baruja, para plantearle el problema, pero no hubo respuesta.
Tiene cuatro hijos, dos de ellos ya terminaron el colegio y no pudieron seguir una carrera universitaria, cuenta con mucho pesar Barreto. Los mayores trabajan en Pedro Juan Caballero en la venta de electrodomésticos y en una fábrica de confección respectivamente. “Viven otra vez de esclavos, no pueden ser profesionales y vivir bien”, se lamentó.

Hace años ingresó al programa Tekoporã que le ayudó a enviar a sus hijos a la escuela, pero luego le dijeron que cumplió con el periodo establecido y que pasaría a la siguiente etapa denominada Tenonderã. A pesar de la promesa nunca recibió el subsidio correspondiente.

Petrona Sánchez

En Horqueta vive Petrona Sánchez, de 55 años.

En Horqueta vive Petrona Sánchez, de 55 años.

En Horqueta vive Petrona Sánchez, de 55 años. Esta es la primera vez que viene a Asunción a manifestarse y es solo porque la situación en su comunidad es insostenible. Además de las deudas enfrentan el aumento de la tarifa por el servicio de energía eléctrica

Si bien su familia puede alimentarse de los cultivos de subsistencia, hay otros gastos que requieren de dinero en efectivo como pago de impuestos, servicios de agua potable, energía eléctrica, además de los uniformes de los niños y el pago de la limpieza de la escuela local.

Fuera de la carpa están los hombres provenientes también de Concepción, alrededor de la olla en la que preparan sus alimentos también exponen los mismos problemas. Faltan algunos de sus compañeros que fueron hasta sus comunidades a traer más de sus producciones para mantenerse durante esta semana de protestas.

Los productores apelan a la ayuda del Estado para pagar sus deudas tanto al Crédito Agrícola de Habilitación como a las financieras que les otorgaron préstamos al momento de perder sus cultivos por sequías en una etapa y por lluvias en otra. Saldar estos compromisos significaría un respiro de alivio para luego ir hacia una solución definitiva de la agricultura familiar.

La reactivación productiva con mercados seguros y precios estables es el gran objetivo del sector. Como el Estado no se responsabiliza de las pérdidas de los cultivos por factores climáticos, la mejor opción es el seguro agrícola, que de acuerdo a todas las organizaciones campesinas, contribuye al desarrollo agrario del país.

Fuente: https://medium.com/@apeparaguay/4cc4c8b194f9

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